RECONOCER UN ERROR SIN SENTIRNOS VÍCTIMAS


RECONOCER UN ERROR SIN SENTIRNOS VÍCTIMAS


Una víctima real es aquella que sufre un daño o perjuicio a causa de una acción o suceso, como en “víctima de un atraco” o “víctima de acoso”. De estas víctima no se trata este tema.


Hablamos del “papel de víctima” para denotar aquella persona que en sus relaciones se acostumbra a atraer la atención de los “salvadores” o de los “perseguidores” pues provocan lástima o rechazo. No son víctimas reales.


Aceptar un error implica ser valientes para reconocer que nos equivocamos. Reconocer el error nos permite avanzar en el crecimiento personal y es una muestra de la grandeza que hay en nosotros. Equivocarnos hace parte del camino y corregir el error nos ayuda a avanzar, como grandes.


Aceptar el error cuando nos equivocamos implica un ejercicio de introspección: revisar de dónde surgió la idea o la acción que me llevó a la equivocación y analizar cómo lo puedo hacer diferente, eso es crecer.


Es un proceso diario de conciencia despierta. Requiere de mucha paciencia con nosotros mismos, de aceptarnos y estar atentos para detectar esos momentos, que se han ido sumando y, que de pronto, terminan en el error cometido.


La persona que juega “el papel de víctima” no está en condiciones de corregir y avanzar, se guía por falsas creencias inconscientes las cuales la llevan a sentirse mal, a ser muy duros y rígidos con ellos mismos, descalificarse y creer que aceptar el error es castigarse. Se castiga como un “pobrecito” y busca un salvador, o castiga a los demás y los convierte en “perseguidores”. Y sin darse cuenta también salva y persigue a los demás, sin acciones adultas que resuelvan verdaderamente el error.


“La víctima” empieza a sentir que se acabó todo, que no hay otra salida y que se arruinó. Esos pensamientos y actitudes terminan por hacer que se cumplan. Se convierten en la profecía que se autocumple. Es el callejón sin salida al creer que equivocarse es el fin.

Se pierden de vista los aspectos constructivos que puede tener el equivocarse.


Para completar: se vuelve un hábito sentirse víctima y cuesta cada vez más salir de allí, pues siente que obtiene algún tipo de ganancia. Es un papel manipulativo de consecuencias funestas para quienes lo actúan. Es como una jaula en la que nos atrapamos y no quisiéramos salir. En ese juego es muy difícil encontrarles provecho a las equivocaciones.


¿Y saben por qué hago énfasis en esto?


Porque nos han vendido la idea de que el que se equivoca tiene derecho a sentirse “víctima”, que está atrapado y condenado y así no puede encontrar los aprendizajes que el error puede traerle para continuar con mayor consciencia en su vida.


Una cosa es “me siento triste porque cometí un error”, lo cual es natural, y otra atraer la lástima para manipular y obtener falsos beneficios.


No nos ayuda justificar quedarnos en el “rol de víctimas”, eso es como quedarnos siendo niños buscando padres que nos salven o nos castiguen. Podemos analizar si queremos avanzar y adoptar la postura del adulto que piensa y decide para lograr un puesto merecido de respeto y realización.


Estemos atentos a ese discernimiento


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