¿ES FÁCIL ACEPTAR LA RABIA EN NUESTRA VIDA?




La rabia es una emoción que moviliza nuestra energía para protegernos. Puede salir de manera explosiva como “emoción pico” o puede permanecer en el tiempo en forma de resentimiento, como “emoción plana”.


A muchas personas les parece difícil manejar la rabia y darle la salida adecuada porque no aprendieron a hacerlo. Para ellos que no es fácil aceptarla, porque: Primero: cuando la rabia explota y se desborda se convierte en violencia, haciéndonos daño y haciéndole daño a los demás. Si la rabia sale sin control se lleva por delante cosas valiosas y, su impacto, deja un sin sabor en todos y no resuelve ningún problema. Seguramente es una manera aprendida para expresar inconformidad y para mostrar la necesidad de que se den cuenta de lo que molesta. No asumo mi responsabilidad, echo la culpa a otros y justifico ser violento. Sin darme cuenta también estoy enseñando esta conducta a otros que siguen mi ejemplo.


Esta forma de expresar la rabia de manera explosiva y hasta con violencia no soluciona ninguna situación difícil. Al contrario, la agrava. Si aprendemos a decir con palabras cuáles son las conductas de los otros que nos molestan y evitamos herir y ser violentos, vamos en camino de encontrar las soluciones al problema o al conflicto. La verdadera solución trae paz y tranquilidad, si alcanzamos un acuerdo con el otro.


Segundo: el resentimiento, guardar la rabia por días, meses o años. Al no saber expresar qué es lo que nos molesta, lo convertimos en resentimiento, quemándonos por dentro, haciéndonos daño, y peor aún, creyendo que le estamos haciendo daño al otro. Ya no es una rabia explosiva sino una rabia larvada, acumulada, guardada, sin salida. Es el resentimiento. Tanto o más peligrosa para nuestra salud mental y física que la primera. Desafortunadamente la más aceptada por el medio social.


Ambas maneras de manejar la rabia son peligrosas: La primera porque explota, atropella y termina dejando a todos aniquilados. Como en un campo de batalla donde la intención es aniquilar y no solucionar, y así creer que es una salida.


La segunda porque tiene el componente del engaño, no decimos ni hacemos nada para solucionar y hacemos creer que no pasa nada. No aceptamos que quedó una rabia por expresar y la guardamos como un tesoro hasta que algún día explota o aparece un síntoma. Es en el fondo un autoengaño: una rabia diseñada para que “no se note”, convencidos de que es inocua, sin reconocer el veneno que hay en mí, esa necesidad de venganza. Y en verdad quien sufre soy yo mismo.



¿Qué hacer entonces?


Ni explosivos ni resentidos. Necesitamos aprender a expresar lo que sentimos. A la rabia hay que permitirle su expresión: de manera adecuada, con palabras precisas, en el momento oportuno y en el lugar adecuado. La rabia hace parte de nuestro repertorio emocional y nos ayuda a movilizar al cambio. La tarea es trabajar en nuestro autoconocimiento, en nuestra forma de comunicarnos y en la manera de llevar las relaciones sociales. Es conectarnos con nuestro sistema de información interno diseñado como una GPS, un aliado para descubrir lo que nos gusta, lo que no nos gusta y para lograr lo que nos proponemos.


De esta manera no sólo aceptamos la rabia, aprendemos a expresarla y a descubrir su importancia en el crecimiento hasta que algún día tal vez no la necesitemos.

Mi respuesta es que hasta ahora NO ha sido fácil aceptar la rabia, por todo lo que anteriormente sucede.

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