¿PARA QUE SIRVEN LOS CONTRASTES EN LA VIDA?


Un día, por curiosidad, en el salón de belleza me puse una peluca roja en la mitad de mi cabello y dejé en la otra mitad mi cabello natural. Al mirar la foto noté cómo lo que estaba arriba se reflejaba abajo por el vidrio de la mesa. Así como ustedes la pueden apreciar adjunta a este escrito. Ello me dio pie para reflexionar sobre “los contrastes” en la vida.

Lo primero que pensé es que los contrastes son cotidianos en nuestras vidas y que tal vez por estar presentes todo el tiempo, no nos detenemos a reflexionar sobre lo útiles que pueden ser.

Gracias a nuestros sentidos podemos experimentar los contrastes, con ellos podemos apreciar, por ejemplo, lo tranquilizador que es el silencio, al contrastarlo con el ruido de los carros, o con el bullicio de una fiesta, y del mismo modo lo animador que puede ser el bullicio de esa misma fiesta en contraste con lo incómodo que resultaría si estuviera en silencio. O si estuviéramos viendo la majestuosidad de una montaña en contraste con el azul del cielo, o si no pudiéramos ver esa montaña porque se camufla en la neblina y qué placer entonces contemplar la neblina, donde admirábamos la montaña. Con el tacto nos sucede lo mismo: qué placer pisar una superficie suave y tersa en una situación de baile, en contraste con ese mismo piso mojado y jabonoso en una situación de aseo. Es cuando apreciamos un piso rugoso y seco para no caernos y caminar con seguridad. Y qué tal un olor exquisito que estimule apetito cuando sentimos hambre o ese mismo aroma producirnos náuseas o indigestión si nos sentimos indispuestos.

Así sucede en nuestra vida emocional. A veces nos resulta placentero reventar de furia cuando nos sentimos al tope de esa emoción y a veces sentimos vergüenza por haber explotado en el momento no indicado. A veces nos encanta complacer a otros y a veces sentimos que por eso mismo abusan de nosotros. Esto es, a veces sufrimos por lo que se queda reprimido en nosotros, atascado, por no sacarlo y en veces sentimos alivio porque por fin nos damos permiso de expresar nuestros disgustos.

Es lo mismo con la alegría. Podemos apreciar la alegría cuando hemos vivido la tristeza, o al revés, gracias a la tristeza valoramos la alegría. Y así, por medio de los contrastes, vamos aprendiendo a valorar aspectos tan importantes como nuestra salud cuando sobrevivimos a una enfermedad. Es cuando con humildad le damos gracias a los síntomas por las enseñanzas que nos dejan.

La enfermedad es un problema, pero por contraste, es también una fortuna, al aprender de ella y comenzar a cuidarnos y mejorar nuestra salud. Una peluca roja puede resultar chillona en una ceremonia de duelo, pero puede ser una oportunidad para dejar volar pensamientos por la libertad que ella nos produce.

Así pues, los contrastes nos ayudan en muchos aspectos de nuestra vida, algunos son:

  • Aprender sobre lo que nos gusta y lo que no nos gusta en cada etapa de la vida.

  • Valorar lo que vivimos y dejamos de vivir.

  • Conocer cómo se siente una polaridad gracias a que existe la otra.

  • Apreciar

  • Favorecer el autoconocimiento: gracias al “darse cuenta” de los contrastes

  • obtenemos información de nuestros sentidos, emociones y pensamientos que

  • mueven nuestras acciones y decisiones.

  • Nos permiten comprender los opuestos y ver “las dos caras de la misma moneda”.

  • Nos invitan a aceptar la dualidad y complementariedad constantes en la vida.

  • A develar el misterio de la paradoja a través del contraste.

SINOS DAMOS CUENTA: NOS AYUDAN A DESPERTAR

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