¿PODEMOS MIRARNOS VERDADERAMENTE A LOS OJOS?



Mirarnos a los ojos unos a otros es algo sencillo y natural.

¿Alguna vez lo has intentado sin hablar? ¿Sólo como un ejercicio?


A lo mejor no, pues de inmediato sentimos la necesidad de llenar el silencio con palabras, de lo contrario nos sentimos “raros”, “incómodos”, con ganas de reír o con cualquier otra sensación desconocida.


¿Qué tal si dejamos de lado esas interferencias e intentemos mirarnos a los ojos en silencio?


Lo podemos tomar como una oportunidad para “conversar” sin el uso de palabras, sólo con la intención de trasmitir lo que cada uno siente de manera genuina y espontánea. Tiendo a pensar que, si dejamos “entrar” a la otra persona en la mirada, ella seguramente podrá reconocer la profundidad de nuestro ser, lo que somos y, de la misma manera, podremos encontrar la profundidad del otro.


Osho dice “Conocemos sólo ojos superficiales”, ojos que sólo “tocan” los ojos del otro, se mueven, pero no quieren ver.


La mirada verdadera puede asustarnos porque ella va a lo profundo del ser y eso no es lo usual, no hemos sido entrenados para ello.

Los ojos son centros de energía, además de ventanas por las que miramos. A través de ellos absorbemos impresiones y, también sin darnos cuenta, enviamos energía. No nos damos cuenta porque su energía se disipa en el movimiento. Es por eso que hacer contacto visual prolongado con otro se vuelve toda una “hazaña”, algo tan cotidiano se convierte en un logro heroico, pues no hace parte de nuestras costumbres, de lo que enseñamos y aprendemos.


Quizás durante la época del enamoramiento podemos vivir momentos así, naturales y profundos. Nos permitimos con el ser amado esa comunicación en esa etapa de exploración y conocimiento. También nos sucede cuando miramos extasiamos a los bebés que simplemente nos miran y se dejan ver.


El saber que la mirada transmite energía nos invita a aprender a mirar con amor, luz, gratitud y compasión. También podremos darnos cuenta de la mirada que causa daño y dolor, aquellas miradas de desamor, de cansancio o de reprobación.


En síntesis, como la MIRADA PROFUNDA llega a tener más PODER QUE LAS PALABRAS, comencemos a conocerla, practicarla y enamorarnos de ella y a dejar que los demás lo sientan y se conecten con este gran poder.

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